sábado, 11 de marzo de 2017

De soledades que cantan


Hasta donde me alcanza la memoria, mi sueño siempre ha sido vivir en una casa en un árbol. Lo primero que dibujé fue una casa que era un champiñón. Y desde entonces no paré. Quería ser hada madrina, escribir cuentos, domar delfines.
Cuando crecí y me subí en aquella caravana empecé a imaginar mi casita del árbol, dejada caer en este o aquel país. Los viajes largos en carretera muy callada y con el ceño fruncido de volar; creyéndome aquí o allí, dejándole a mi yo del futuro el impepinable legado de hacerlo real. 

Hacen exactamente 365 días desde que decidí deberme a mí misma desfruncir el ceño, salir, devolverme las ganas de volar; desarraigarme. Hace 365 días desde que no hay nido que valga y ya van tres camas que intentan hacer las veces de casita en el árbol. La rueda sigue girando pero he notado algo en el hombro, dándome toquecitos, como queriendo decir; para, recapacita. Y he escrito en mi libreta destrozada todas esas cosas que un año siendo yo, conmigo, por mi me han enseñado.
Ya no me hace falta mirarme al espejo para explicar con todo detalle lo que se refleja. Me siento inmigrante, invitada en un baile que no es el mío cada día, y me gusta. Me encanta perderme sola de día, estar acompañada de noche. He dejado de entretener a gente tóxica. O casi. He aprendido a hacer hogar con cuatro palitos de madera. He empezado, por primera vez en mi vida a tener un sueldo, a ser  a ser la única que me va a dar de comer, dormir, llegar a fin de mes. Cada día sudo la gota gorda en el trabajo, de ida, de vuelta, al llegar. He tenido que salir de historias de cuento porque serlo no era suficiente y he aprendido. He dicho que no. Digo que no. Me siento capaz, sin miedo a perder. Intento ayudar, me dejo ayudar. Estoy manejando mi perfeccionismo, le reto, le dejo relajarse y entre nosotros- no se está tan mal en el caos. He hecho familia, de la que se elige; se cuida. Me he cortado el pelo, sola, otra vez. Ya he dejado de sentir la lluvia en mis mejillas cuando pedaleo, la piel se te hace. Tengo una lista de prioridades en la que, por ser práctica, me he puesto la primera. Pienso cada día en toda la gente que me dejo, en la que no veo todo lo que me gustaría, pero es volver y abrazarles y sentir que son mar en calma. Me he escuchado y dejado rodear de lo que me gusta; tengo una lista de hobbies interminable, de sitios que descubrir, de fotos que hacer, de luces a las que hacer tambalear. Está saliendo el Sol en Inglaterra y parece que la función está a punto de empezar. Todo. el. rato.

Sé que somos muchos, muchos, los que nos sentimos así después de desarraigarnos de todo y salir, como los kamikazes que somos, a vivir, a respirar otro mundo. Y me hace feliz saber que hay tanta gente valiente, movida por un montón de motivos válidos, que sale y se atreve. Y vosotros, ¿os habéis atrevido alguna vez? ¿Os queréis atrever?

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