martes, 28 de marzo de 2017

Edinburgh


Unos ojos redondos y azules, una nariz a conjunto que, pequeñita, apunta al cielo. Tres años y medio de sabiduría contenida en un montón de ganas de dibujar. Arte en unos dedos a los que les queda mucho por crecer. 
 Es viernes por la noche y tienen que dormir. Nos aseguramos que antes de hacerlo no hay historias de lobos ni dragones. Los dinosaurios no nos importan, me dice, los dinosaurios no nos dan miedo porque son enormes y no se comen a niños como él, son los dinosaurios bebés los que le aterrorizan, que parecen monos pero esos sí, sí comen gente pequeña. Tiene sentido. Cinco cuentos; apaguemos la luz. 
– But you need to turn on the blue light or I won't sleep, I'm afraid of the dark. 
– I will. I love this blue light, it looks like the moon. 
– I would like to go to the moooooon. 
– Me too. Do you think we should go together?
– Oh yes! We go to a big house first and then up to the moon.
– Well, we need to be astronauts to go. 
– But...only boys can be astronauts.
– So, I can't go? I want to go too with you. I want to see the moon. I'd be so sad.
– Ok, don't be sad. You can be whatever you want to be, you can do whatever you want to. You will come to the moon with me, you just need to wait until I'm big and we can be astronauts. 

Se quedó dormido después de esto y no creo que si le preguntas, recuerde lo que ocurrió allí, pero no sé si yo voy a ser capaz de olvidarme de esos ojos medio dormidos concediendo deseos. 
Hace una semana desde que volví de esta ciudad que acompaña al sueño y entended que una cosa me parezca metáfora de la otra. Edimburgo tiene verdades escondidas y niebla. Calles de colores, grises, a dos alturas. Callejones, escaleras, gaitas, faldas y rodillas al aire. Pájaros y esculturas y rincones en los que tomar tarta y que se te empañen las gafas y la lente. Este rincón en concreto, recomendación de Laura de Fika Stories, "Lovecrums" justo bajo el castillo de Edimburgo, es el lugar perfecto para acabar tras un día de subir y bajar colinas entre la niebla.

Edimburgo me recuerda a mi amiga Paula, que hizo de ella un hogar, una alfombra por la que pasear como descalza, a la niebla de Cambridge, a lo grande. Edimburgo tiene clase, tiene frío y tiene un deseo escondido bajo la manga, quizá. Fue el punto y final a una semana en carretera recorriendo los Highlands de Escocia, de los que pronto os enseño sus marrones, ocres y castillos. 

1 comentario :

  1. Ay, la belleza en la inocencia aún inmadura. O en la inocencia, porque creo firmemente que al madurar, la perdemos. Como una flor.

    Algún día pisaré Edimburgo y me acordaré de ti.

    Un abrazo,
    S.

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