miércoles, 23 de agosto de 2017

Por eso el mar.


Requiere de mapas, 
 Agallas para zambullirse entre sus calles 
Oídos ignorantes que omitan el ruido de esos coches 
Dinero en los bolsillos 
Rumbo finigido o real, pero rumbo. 
La ciudad tiene dientes, colmillos, se lee un "para qué". 
Requiere tiempo, paciencia, magulladuras, 
Necesidad de cura de sal, de agua y de flote. 
 Oídos dispuestos a no escuchar nada más que el ir y venir de las olas. 
Por favor, no traigas bolsillos, cuanta menos ropa mejor. Ven como te trajo. 
Déjate llevar como te dejaron venir; libre y vacío, o lleno. 
 El mar tiene brazos, tiene almohada, vitaminas, prueba de fe, cielo azul, luna llena. Espuma que desinfecta, rocas, años. Tiene; vida. 
 De la ciudad hay que salir para poder volver a entrar, como nuevo. Del mar no saldría. El mar arranca las ganas de llorar, enciende la necesidad de hacer algo por este mundo que no entiende que estar seco es la razón por la que todo está hecho una mierda. Mójalo. Mojémonos. 

Seamos esos que somos a remojo; sencillos, flotantes, sin problemas cuando sumergidos. Guardad todas estas sensaciones en un frasquito y cuando el invierno se seque, ayudadle a recordar que a veces; en un rincón escondido del año, somos, salados. Y volvemos a empezar.

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